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De crédulos y estafas están llenos los e-mail
El virus de la credulidad comenzó a propagarse por la red. Millones de usuarios han visto saturados sus correos debido a falsas convocatorias o mensajes de que Bill Gates está repartiendo su fortuna. El objetivo: entorpecer los servidores

 
Ilustración: Moisés Butze  
Laura Martínez dejó de ir a bailar porque temía despertar en una tina y darse cuenta que sus riñones habían sido robados. Renunció a su afición por el cine por miedo a sentarse en una butaca y pincharse con una jeringa infectada con VIH. Además abandonó algunos alimentos por los efectos de los estrógenos. Tampoco usa celular, desodorantes y shampoo pues “producen” cáncer.

Pero ahí no para el asunto. En su casa no recibe llamadas porque tiene pavor de que le pidan marcar “asterisco nueve” y le roben su línea telefónica. Desde hace meses no mantiene relaciones sexuales porque leyó que venden condones como coladeras. “Cortó” a Tomás por el pánico de que la secuestran y obligaran a su novio a vaciar sus cuentas bancarias.

Y todavía hay más: Laura está en apuros económicos, pues donó todos sus ahorros a la cuenta de Brian, un chico enfermo que estaba a punto de morir. Pero aún, afirma, tiene la esperanza de que el presidente de Microsoft, Bill Gates, le envíe parte de su fortuna por haber participado en un rastreo de e-mails.

Suena increíble ¿verdad?, pues tiene razón. Laura Martínez no existe. Es un invento tan fraudulento como la mayoría de las historias que llegan a su buzón electrónico. Lo cierto es que millones de usuarios de Internet reciben este tipo de patrañas dirigidas a engañar, las cuales, además de afectar la credibilidad de las campañas serias y verdaderas, causan “tráfico”, consumen espacio y saturan los correos electrónicos.

¿Cómo vacunarse?

En la red se les ha definido como hoaxes, cuya traducción del ingles es broma o engaño. Para acabar con el correo electrónico engañoso que se distribuye en cadena, en la red ha comenzado una contraofensiva para evitar y alertar a los ingenuos cibernautas sobre la dudosa autenticidad de las historias que llegan a los buzones.

De acuerdo con la información del sitio www.rompecadenas.com.ar, existen diferentes tipo de hoaxes. Entre ellos destacan los que previenen y auguran catástrofes, los que tientan con la posibilidad de hacerte millonario o los que apelan a la sensibilidad al invocar supuestos niños enfermos.

Eugenio Siccardi, autor de la página argentina, ofrece algunas pistas para descubrir si el mensaje recibido es una patraña. Regularmente los hoaxes, señala, no tienen firma, y si la llevan es falsa, unos invocan nombres de grandes compañías, otros piden al destinatario que lo envíe a todos sus contactos, y en algunos de ellos se cierne la amenaza de enormes desgracias si no son reenviados. El objetivo de estos correos, explica el diseñador de páginas web, es el de conseguir direcciones de e-mail activas, congestionar los servidores o “alimentar el ego” del autor.

Enumera que, demás de la fe perdida, entre los efectos más molestos están: la pérdida de tiempo y dinero del receptor, la congestión de los servidores, la incesante publicidad y “basura” que llega a los buzones y, sobre todo, el escepticismo hacia las campañas hechas por gente que realmente lo necesita.

Pero ¿cómo reconocer una cadena de solidaridad o un mensaje de advertencia verdadero? Los creadores del portal www.leyendasurbanas.org recomiendan a los usuarios verificar los datos –si existen– de la página web, lo cual no es una garantía, pues no siempre es fidedigna.

En el caso de que sea una campaña de firmas, también se puede verificar la información con la compañía u organización que lo solicita. Como ejemplo de ello sería la campaña emprendida por Amnistía Internacional contra la ley que permite la lapidación por adulterio. Inclusive, desde la página del organismo de derechos humanos es posible enviar las firmas de apoyo.

Además del respaldo de las organizaciones, otra buena forma de obtener credibilidad es que el mensaje tenga una fecha de finalización, lo cual evita que las personas continúen su reenvío.

Leyendas urbanas

Las leyendas urbanas son esas historias que circulan de boca en boca y, en los últimos años, a través del correo electrónico. Son relatos que la mayoría de las personas dan por falsas, pero que algunos sí llegan a creer. Ejemplo de ello es la versión de que Walt Disney, creador del ratón Mickey, permanece congelado en espera de una cura para el cáncer.

Otra típica es la que asegura que en las cloacas de Nueva York están infestadas de cocodrilos porque un matrimonio, cansado de tener uno de ellos como mascota, lo arrojó por el inodoro. Dicha historia no aclara cómo pudo reproducirse. Pues bien, estos relatos son ideales para ser usados como hoaxes.

Una ya famosa entre los cibernautas es la de la abuela que murió durante unas vacaciones. Sus familiares para ahorrarse el dinero del traslado y los trámites burocráticos decidieron “empaquetarla” y llevarla sobre el toldo del automóvil. Durante una parada en el viaje de vuelta, se dieron cuenta de que la abuela había sido “robada”.

Pues bien, este tipo de historias dotadas de un humor negro tal vez no incomoden. En cambio otras pueden crear malentendidos serios. Tal es el caso del poema “La marioneta”, que fue atribuido al escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Al ser consultado sobre la procedencia del texto, el premio Nobel de Literatura afirmó: “Lo que más me puede matar es la vergüenza de que alguien crea que de verdad fui yo quien escribió una cosa tan cursi”. Después de las aclaraciones, se supo que el comediante mexicano, Johnny Welch, era el autor.

En fin, para evitar caer en el juego de los bromistas profesionales de la red, Siccardi recomienda “romper las cadenas” o reenviar un mensaje alertando a los contactos de la estafa que les han hecho creer. Claro, tampoco se trata de convertir esa advertencia en otro molesto hoax.

Diario

Defensa Personal

Páginas dedicadas a la contraofensiva del bombardeo de hoaxes –correos electrónicos que tienen como objetivo engañar a los usuarios– aconsejan autoexaminarse para verificar que no se ha sido infectado con el virus de la credibilidad, el cual tiene como principales síntomas:

• Una recurrente predisposición a creer historias improbables

• Sentimientos de ansiedad por reenviar múltiples copias a toda su lista de contactos

• Una persistente falta de deseo para tomarse tres minutos y verificar si la historia es real.

Los expertos recomiendan que, ante los primeros indicios de infección, los usuarios de Internet deberían dirigirse a su motor de búsqueda favorito y buscar más información, pues la mayoría de los virus fraudulentos, leyendas y cuentos han sido tema de discusión en la comunidad de Internet.


Isabel Pérez Ocaña




     Multimedios Estrellas de Oro S.A de C.V.