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El hombre del maletín
UNA NIÑA
QUE SE DIVERTÍA ATEMORIZANDO A SUS AMIGAS ES ADVERTIDA
DE UNA EXTRAÑA VISITA QUE VA A RECIBIR
Cuando Lorena tenía 13 años solía reunirse
con sus amigas del colegio y les contaba historias de terror.
Le encantaban la historias de miedo y estaba bien informada,
de modo que se reunían en un banco de un parque cercano
al colegio y todas escuchaban atentas los relatos de Lorena.
Conforme oscurecía las chicas se marchaban avisando
a Lorena de que si luego no podían dormir "se
iba a enterar de lo que era bueno". Pero siempre era
en tono de broma.
Una tarde le relató esas historias a una amiga de clase.
Estaban en la habitación de Lucía, cuya casa
estaba a unos siete kilómetros de la casa de Lorena
(luego se tendría que ir andando y sola).
Cuando Lucía tenía suficiente miedo le dijo:
"ahora te voy a contar yo lo que te va a pasar y verás
quién pasa miedo". Y le dijo: "cuando vayas
a casa un señor con un maletín, vestido de negro
y con bigote te seguirá para matarte."
El trayecto hacia casa lo hizo con una psicosis total: toda
la gente parecía querer traspasarle con la mirada,
pero ella sabía que era pura sugestión, de modo
que el miedo que pasó fue relativo. Lo que realmente
podía asustarle era el hombre del maletín, vestido
de negro y con bigote, y de esos no hubo ninguno en todo el
camino.
Llegó a casa y comprobó horrorizada que no funcionaba
el ascensor. Aunque aún le faltaba un año para
tener permiso de uso del ascensor lo cierto es que vivía
en un octavo piso y siempre que podía, cogía
el ascensor.
Tuvo que subir los ocho pisos a pie, y su desconsuelo fue
mayor cuando su madre le dijo que bajara la basura:
- ¡Pero si no va el ascensor!. -Se quejó inútilmente.
Y entonces cogió la bolsa de basura y comenzó
a bajar despreocupada... pero a mitad de camino las piernas
se le aflojaron y casi perdió el equilibrio. Frente
a la puerta de una casa, mirándole ahora a ELLA, había
un señor trajeado de negro, con bigote y un maletín.
Con los nervios a flor de piel, casi a punto de gritar y las
piernas temblando, corrió escaleras abajo a punto de
perder la bolsa de basura. Y llegó abajo con el corazón
desbocado y falta de aire. Salió rápidamente
del edificio y tiró la basura, y no subió inmediatamente
a casa... sino que se dirigió a la tienda que tenía
su padre en la misma finca y esperó a que él
terminara el trabajo para subir acompañada.
¡Qué aterradoras pueden ser las casualidades!
¿O fue una visión de Lucía? ¡Quién
sabe..!
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